Cuando un día cualquiera conoces a una persona y desde ese
momento tienes la sensación de que esa persona va a ser especial, lo será. Será
más especial, incluso, de lo que tú esperabas.
Todo empieza con una
breve amistad, y poco a poco esa amistad va avanzando. Todo es perfecto a
excepción de la distancia. No poder ver a la persona que quieres cuando lo
necesitas es duro, pero bueno, “solo necesitamos un poco de paciencia”. Sigue
pasando el tiempo y hay tanta confianza que ni tu mismo consigues creértelo.
Puedes pasar horas y horas hablando sin que la conversación se termine, pero
después de tantas horas hablando, de compartir buenos y malos momentos parece
que todo empieza a no ser tan bonito como al principio, todo se vuelve monótono.
Después de semanas intentando descubrir cuál es el problema y no encontrar
solución parece ser que la mejor opción es pensar cada uno por su lado.
Y ahí es cuando te
das cuenta de cuánto necesitas que esa persona esté al otro lado de la pantalla.
Es en ese momento cuando sientes que quieres a esa persona más que a ti mismo y
que no quieres que nunca se aleje de ti.

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